sábado, 18 de octubre de 2008

Sala de Espera: Lo que no llega al consultorio


Mario Martínez

Gregorio era enfermero del Hospital desde siempre. Lo conocía todo el mundo. Es más, si alguien no lo conocía a él, seguro no era del Hospital.
Era una persona honesta y trabajadora. Por eso, cuando Alcira de la administración le pidió que le consiguiera un certificado médico para su hijo, creyó necesario hacerle algunas aclaraciones:
-Vos sabés que hay médicos amigos que no me lo van a negar. Pero a mi no me gusta pedir por pedir. ¿Tu hijo no tiene médico laboral?
-Claro que tiene, pero aunque lo llamamos nunca fue. Seguro que es porque vivimos en calle de tierra.
-¿Y no lo podías haber traído al Hospital?
-¿Con la fiebre que tiene? No, ¿Y si empeora?
Gregorio decidió entonces que irían a ver al Dr. Álvarez. No era de hacer preguntas y le daría el certificado.
-Buenos días doctor, ¿Cómo anda?
-Buenos días Gregorio, bien, gracias, y vos ¿Cómo andás?
-Aquí me ve, con la compañera que necesita un certificado para el hijo. El médico laboral no llegó hasta la casa, viven en el fondo de la avenida.
-Ah, claro, ahí llegamos solo los que queremos mucho la profesión. ¿Cómo se llama su hijo, señora?
-Marcelo Fernández, respondió Alcira.
-¿Y que le anda pasando?
-Está con mucha fiebre.
-Bueno señora, aquí tiene el certificado, 24 horas de reposo, aclaró el médico.
-¿Pero entonces mañana tiene que ir a trabajar? Preguntó Alcira.
-Por supuesto, respondió el médico.
-¿Y si no mejora? Se inquietó Alcira.
-Lo trae mañana aquí y lo vemos. No puede estar con fiebre más de 24 horas sin que lo vea un médico.
-No va a querer venir, doctor, es un muchacho grande.
-Entonces que vaya al trabajo, y ahí lo mandarán al médico laboral.
-Pero, justamente, lo que yo no quiero es que vaya mañana a trabajar. Hay lío con los del sindicato. Mañana están de paro. Mi hijo se quería plegar, pero yo no quiero que se meta en problemas.
-Si como usted dice, es un muchacho grande para decidir si va o no al médico, también lo es para decidir si va o no a trabajar. Además: ¿Usted no consideró respetar la decisión de él?
-¿Qué va a decidir? Son los del sindicato que le llenan la cabeza.
-Perdón señora, pero entonces ¿Usted lo preferiría con la cabeza hueca?
Gregorio la tomó suavemente de un brazo, saludó al médico, y juntos salieron del consultorio. Llevaba en sus ojos la imagen de la cabeza del hijo de Alcira estallando en mil pedazos.


Se viene
Gustavo Cordera. Alberto Verenzuela.

Se viene el estallido.
Se viene el estallido.
De mi guitarra.
De tu gobierno, también.

Se viene el estallido.
Se viene el estallido.
De mi guitarra,
de tu gobierno también...

Y si te viene alguna duda
vení agarrala que está dura
si esto no es una dictadura,
¿Qué es, qué es...?

Se viene el estallido.
Se viene el estallido.
De mi garganta,
de tu infierno, también.

Y ya no hay ninguna duda
se está pudriendo esta basura.
Fisura ya la dictadura
¡Del rey...!

Volvió la mala fue corta la primavera.
Cerdos miserables comiendo lo que nos queda.
Se llevaron la noche,
nuestra única alegría.
Gente poniendo huevos
para salir de esta rutina.

Se viene el estallido.

1 comentario:

Alejandra de San Cristobal dijo...

Que relato terrible Mario!!!
Cualquier parecido con la realidad......